martes, 5 de julio de 2011

Hoy en día, la variedad de suelo que podemos encontrar en el mercado es muy amplia. Podemos elegir entre las baldosas de toda la vida, el suelo de parquet, el suelo laminado… Hace unos pocos años, el suelo de parquet tuvo un auge considerable, sobre todo para las familias de un nivel socioeconómico medio-alto. El acabado final era espectacular, pero a costa de ciertas deficiencias:
- A la hora de instalarlo no era ni cómodo ni fácil, puesto que no cualquiera podía instalarlo, necesitábamos a profesionales muy cualificados.
- Después de haberlo instalado, debíamos de lijar la superficie o pasarle la cuchilla, la mayoría de las veces, lo que generaba grandes cantidades de virutas, ruidos, molestias…
- Al ser tan delicado, la mayoría de las veces se abrían las juntas, con el problema que ello suponía. Además era un suelo muy sufrido, que siempre había que estar cuidando, por lo que al final éramos un poco esclavos de nuestro propio suelo.
Los suelos laminados son una alternativa económica a la madera, que imitan con gran realismo. Se caracterizan por una composición en capas que les hace más resistentes al desgaste. Aguantan bien en zonas con mucho tránsito, donde se colocan de manera sencilla y rápida. Para su instalación, no es necesario retirar el pavimento anterior, sino que se pueden colocar sobre la mayoría de las superficies, siempre y cuando estas estén bien adaptadas, en condiciones perfectas y con una solera o firme con una planimetría óptima

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